Ayer fui a firmar y poner huella para dejar mi tarjeta de residencia haciéndose mientras estoy de viaje, y hoy fui a pedir un permiso para poder volver a entrar a España. Hecha esta vuelta burocrática muy a las 9 de la mañana, me fui a la piscina, muy merecida, y estuve ahí hasta las 12. Pude desconectar de todo lo pendiente mientras nadaba y luego tomaba el sol leyendo Hacia rutas salvajes. Luego cogí el bus y aunque tentada de bajarme en el Borne para hacer unas compras más, decidí que lo sensato era venir a la casa, recoger la ropa tendida, planchar los pantalones arrugados y ponerme de una vez a hacer la maleta.
Ya lo sé que hombres y mujeres somos muy distintos y tenemos ritmos muy distintos, y doy gracias de que así sea, aunque esto a veces me desespere. Yo llevo toda la semana haciendo una maleta mental (listas, listas, muchas listas de cosas por hacer, cosas por comprar, cosas por meter) y me tomé libre el día de hoy para prepararme. A. ni siquiera se tomará la tarde, a pesar de mi insistencia, porque, cuánto tiempo necesita para hacer una maleta? 10 minutos. Está bien, 15. No, en realidad, con 10 es suficiente. En 10 minutos ya tendrá lo que necesita -porque no hay nada que quiera llevar en particular. Tendrá lo bastante.
Yo, en cambio, a pesar de la infinidad de listas, ya saqué 10 camisas, 7 pantalones o faldas, mucha ropa interior, medias, zapatos, sandalias, impermeable, sueter... ya saben, previendo que puedo ir a un restaurante más o menos bien (habrá que ponerse algo bonito), o que lloverá (habrá que usar zapatos y un impermeable), o que por las noches hará un poco de frío (hay que llevar al menos un sueter), o que durante el día hará mucho calor (camisas de manga corta o sin mangas), o que tal vez no haga tanto calor (camisas de manga larga). En fin, que llevo para todas las eventualidades y aún así estoy segura de que se me olvida. (A. ha limitado su lista a un pantalón, unas bermudas, cuatro camisetas y ya lavaremos ropa.)
Mi proceso es el siguiente: he sacado toda la ropa que pienso que puedo necesitar o que quiero llevar, simplemente. La he puesto toda sobre la cama. La estoy dejando reposar mientras leo una versión abreviada de Robinson Crusoe y con mentalidad de náufrago con su vida simplificada ahora procedo a acercarme a la cama rebosante de ropa y objetos para eliminar los más supérfluos (habrá alguno?) y llevarme lo estrictamente necesario. Creo que estoy mentalmente lista.
Y si algo me falta, lo compraré. Al fin y al cabo, son vacaciones, y este es uno de los pequeños placeres que eso incluye.
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